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Una inexplicable ternura, un remordimiento conmovido y lloroso por todas aquellas víctimas -especialmente los niños- que imaginé hacer al soñarme un antiguo pirata. Una emoción conmovida porque fueron mis víctimas; pero tierna y suave, porque no lo fueron realmente. Una ternura confusa, como un vidrio empañado, azulado, canta viejas canciones en mi pobre alma dolorida. Ah, ¿cómo pude pensar, soñar aquellas cosas? Que diferente soy de lo que fui hace unos momentos. Histeria de sensaciones -primero éstas, después sus contrarias. En la mañana rubia que se levanta como mi olvido sólo escoge las cosas de acuerdo con esta emoción -el murmullo de las aguas, el leve murmullo de las aguas del río al encontrarse con el muelle ... La vela pasando al otro lado del río, los montes lejanos, de un azul japonés, las casas de Almada, y lo que hay de suavidad y de infancia en la hora matutina ... Una gaviota pasa y es mayor mi ternura. Pero en nada he reparado durante este tiempo. todo fue una impresión de la piel, como una caricia. Todo este tiempo no quité la vista de mi sueño lejano, de mi casa al pie del río, de mi infancia al pie del río, de la ventana de mi cuarto que en la noche deba al río y la paz del lugar esparcida en las aguas ... Mi vieja tía que me amaba a causa de un hijo que perdió. Mi vieja tía acostumbraba cantarme para que yo durmiera (si bien ya era yo un poco grande para eso) ... Recuerdo y las lágrimas caen sobre mi corazón y lo lavan de la vida, y se levanta una leve brisa marina dentro de mí. A veces ella cantaba la "Nao Catrineta": Allá va la Nao Catrina sobre las aguas del mar ... Y otras veces, una melodía muy melancólica y tan medieval, la "Bella Infanta" ... Recuerdo, y la pobre vieja voz se levanta dentro de mí. Recuerdo que muy poco la recordé después, y ella que me amaba tanto. Qué ingrato fui con ella -y finalmente, ¿qué hice yo con la vida? Era la "Bella Infanta" ... Yo cerraba los ojos y ella cantaba: Estando la Bella Infanta en su jardín sentada Yo habría un poco los ojos y veía la ventana llena de luna y después cerraba los ojos otra vez, y con esto era feliz. Estando la Bella Infanta en su jardín sentada su peine de oro en la mano sus cabellos peinaba Oh, mi pasado de infancia, muñeco que me rompieron. No poder viajar al pasado, a aquella casa y a aquel cariño, y siempre quedar allí, siempre contento y siempre niño. Pero esto fue el pasado -linterna en una esquina de calle vieja Pensar en esto me da frío, hambre de algo que no puede obtenerse. Me da remordimiento pensar en esto. Oh, torbellino lento de sensaciones opuestas, vértigo suave en el alma por causas confusas. Furias rotas, ternuras como cordeles con que los nuños brincan, gran abatimiento de la imaginación en los ojos de los sentidos, lágrimas, lágrimas inútiles, suaves brisas de contradicción corriendo la faz del alma ... Evoco, para salir de esta emoción, por un esfuerzo voluntario, con un esfuerzo desesperado, marchito, inútil, la canción del Gran Pirata cuando estaba muriendo: Fifteen men on the Dead Man's chest. Yo-ho-ho and a bottle of rum! Mas la canción es una línea recta mal trazada en mi Interior ... Me esfuerzo y otra vez logro traer ante mis ojos del alma, otra vez, pero con una imaginación casi literaria, la furia de la matanza, de la piratería, el apetito del saqueo que se paladea, de la carnicería inútil de mujeres y de niños, de la frívola tortura de los pasajeros pobres hecha por distracción y de la sensualidad de romper y destruir las cosas más amadas de los otros, pero sueño todo esto con mi miedo, como si alguien respirarse de pronto sobre mi nuca. Recuerdo que sería interesante ahorcar a los hijos frente a las madres (sin querer me siento las madres de ellos), enterrar vivos en las islas desiertas a los niños de cuatro años y llevar a los padres en lanchas hasta allá, para verlos (me estremezco, y recuerdo un hijo que no tengo y que está durmiendo tranquilo en casa). Aguijón de un ansia fría de crímenes marinos, de una inquisición sin la disculpa de la Fe, crímenes ni siquiera como razón de ser de la maldad o la furia. hechos fríamente, ni siquiera por herir o por el mal, ni siquiera para divertirnos: apenas para pasar el tiempo igual que uno pasa el rato en un comedor de provincia con la servilleta tirada al otro lado de la mesa después de comer, sólo por el suave gusto de cometer crímenes abominables y no considerarlos gran cosa, de ver sufrir hasta la locura y la muerte-por-el-dolor pero nunca llegar más allá ... porque mi imaginación rehúsa acompañarme. Un escalofrío me contrae. Y de pronto, pero más repentinamente que la otra vez, de más lejos, de más hondo, de pronto -oh pavor por todas mis venas- el frío súbito de la puerta del Misterio que dentro de mí se abrió y dejó pasar una corriente de aire. Recuerdo a Dios, lo trascendental de la vida, y de pronto la vieja voz del marino Jim Barns, con quien hablaba, convertida en la voz de ternura misteriosa de mi anterior, de esas pequeñas cosas de rezago de madre y cinta de cabello de hermana, pero asombrosamente venida del más allá de la apariencia de las cosas, la voz sorda y remota convertida en la Voz Total, la voz sin Boca, venida por fuera y por dentro de la soledad nocturna de los mares, llama por mí, llama por mí ... |
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